Salsa Gigante Radio

Tomas Ortiz

Salsero Mes

Historia de Don Quique, Papo Lucca y La Sonora Ponceña 

  • 23
    Shares

Era en Ponce, Puerto Rico, cuando en 1944 un músico oriundo de Yauco, pero ahora residente de esa ciudad, Enrique “Quique” Lucca Caraballo, decide formar una agrupación musical. Configurada por dos trompetas, ritmo y voces, y constituida en su totalidad por músicos ponceños, la orquesta es bautizada “Orquesta Internacional”.

Diez años más tarde, el sueño de Lucca, el logro de algo trascendente, se empieza a esfumar. Cansado de las fiestas de salón y los contratos domingueros, decide desbaratar el conjunto. El deseo de que su esposa y su hijo se conviertan en sus mejores hijos Angélica y sus hijos: Zulma, Enrique y Wanda.

Pero llevaba la música en la sangre, y al poco tiempo, febrero de 1954, los reunió de nuevo. Don Enrique fue un conjunto nuevo, uno más grande, con un sonido más potente. Parallelo, se había nutrido de un repertorio de temas populares compuestos por Arsenio Rodríguez (quien tenía una profunda admiración), la Sonora Matancera y el Conjunto Casino, el de los dos Roberto: Faz y Espí. El nombre oficial de la flamante orquesta sería ¡La Sonora Ponceña!

Los primeros discos de la Ponceña, un pesar de su éxito comercial y una excelente instrumentación, no dejaban de ser extraños, ya se llamaban “Sonora”, tenían un formato de Orquesta y sonaba como un conjunto. Y la razón era clara; al frente del “Ciego Maravilloso”, Arsenio Rodríguez, el tercer cubano, cuyo sello musical era parte inquebrantable de los conjuntos de la época. En sus comienzos, La Ponceña y La Perfecta de Eddie Palmieri, orquesta en Nueva York, fueron muy parecidos, con la excepción de la sección de vientos de esta última estaba centrada en los trombones.

Tres hechos determinaron la consolidación del estilo de La Sonora Ponceña. El primero fue el nacimiento en 1946 de Enrique Arsenio, el hoy internacionalmente reconocido “Papo”, un niño prodigio que hizo su debut profesional en el programa de televisión de la popular cantante puertorriqueña, Ruth Fernández, tocando el piano y acompañado por la orquesta fundada por su padre.

La Segunda fue la compra del sello Inca por parte de Jerry Masucci, dueño de la firma Fania Records, quien había escuchado a La Sonora en diferentes conciertos durante sus visitas en Nueva York. Se compra ampliar la distribución y le dio a la Orquesta la oportunidad de conocerse por toda la cuenca caribeña. La tercera, el hallazgo por parte de la obra musical del pianista Oscar Peterson, considerado uno de los mejores exponentes de Jazz, y cuyo estilo se escucha en sus solos de piano.

La historia del desarrollo y eventual éxito del pequeño Enrique está lleno de gratas y amenas memorias. Como cuando hablamos, en su primera presentación profesional en el programa de Fernández, descubre que no puede alcanzar los pedales del inmenso piano negro que le han proporcionado. Cuando se dice que una vez años y para su edad fisicamente chico, si se sentaba a tocar, los pies no llegan a los pedales y ya están parados, casi no las teclas. Al rescate don quique, la consola al niño y los dados que no se preocupan por que nunca permitieron que esa tarde perdiera la oportunidad de tocar profesionalmente por primera vez, que amarran las manos para que puedan manejar los pedales.

Otra entretenida anécdota tiene cuando tenía cinco años. Resulta que el niño toca las claves con gran habilidad y una de las diversiones favoritas de su padre era verlo tocar con el grupo. Una tarde, mientras que el Conjunto Internacional ensayaba, Papo se sienta detrás de una tumbadora mucho más grande que él y comienza a tocar “Ran Kan Kan”, el mambo descarga que popularizara Tito Puente, con tanta precisión que los miembros de la orquesta lejos de interrrumpirlo, decidieron acompañarlo. Días más tarde, Don Quique habla con un buen amigo, Francisco Alvarado, y con ayuda de la escuela al pequeño en la Escuela Libre de Música Juan Morel Campos de Ponce. Ahí los profesores le enseñarán las normas por la mañana y Don Quique las reformas por las noches.

En noviembre de 1957, el niño es la atracción principal de La Sonora Ponceña durante un baile en la ciudad de Bayamón. Familiares, amigos, músicos y el público en general quedaron encantados con la presentación, y aunque esa noche no se habló mucho del pequeño pianista, para Don Quique, su conjunto, por fin estaba en la ruta que siempre había anhelado. El año siguiente, tres discos de 78 rpm materializan su quimera. Especialmente, el último de ellos, donde La Sonora Ponceña con Papo Lucía en el piano, acompaña a los boleristas Felipe Rodríguez y Pedro Ortíz Dávila, “Davilita”. Tapas de refrescos nuevamente utilizados para que alcance los pedales.

Durante los sesenta, Papo se convierte en la imagen principal y emblema de La Sonora Ponceña y los empresarios comienzan a exigir los contratos la participación del chico. Y en cada presentación, todas las miradas quedaban fijadas en Papo, no solo por su juventud, sino también por su innegable talento. A mediados de esa década, el joven paso de ser el orgullo de su padre para convertirse en el orgullo de su ciudad.

El representante del sello Inca, Pedro Páez, interesado en La Sonora Ponceña, le ofrece un libro de Don Quique que no tiene duda en firmar, y con algunas canciones compuestas por integrantes del grupo y otras originales de Arsenio Rodríguez, La Ponceña graba su primer disco de larga duración. Titulado “Hacheros Pa ‘Un Palo”, todos los arreglos, una carga del joven Papo.

El disco, y en especial el tema de la palabra, se convirtió en un éxito radial en Nueva York. Lo mismo sucede con la Segunda grabación, “Fuego en el 23”, realizada en 1969. Cuando eso, además de Don Quique y Papo, La Sonora Ponceña estaba integrada por los cantantes Luigi Texidor y Tito Gómez, el bajista Tato Santaella, el timbalero Edgardo Morales, el conguero Félix Torres, el bongosero Francisco Alvarado y los trompetistas Carmelo Rivera, José Rodríguez, Delfín Pérez y Ramón Rodríguez.

Lucca llegó a una influencia conciliar con la de Lili Martínez Griñan, el pianista y arreglista del Conjunto de Arsenio Rodríguez, que logró un estilo muy propio, y el que poco se convirtió en la base de toda la agrupación; aún cuando ese cambio no se hace presente en las primeras grabaciones con Fania. El primer disco para ese sello fue “Navidad Criolla”, álbum que recoge una gran parte de la tradición de aguinaldos y parrandas puertorriqueñas. Los siguientes tres discos, “Prende el Fogón”, “Sonora Ponceña” y “Sabor Sureño”, regresan nuevamente al estilo de Arsenio y la similitud con Palmieri. No fue hasta 1975, con el disco “Tiene Pimienta”, que Papo Lucca incorpora diferentes sonoridades con un teclado electrónico, hecho que consolida el siguiente año en “Conquista Musical”. La razón: el cambio de productor. Para ese disco,

Aconsejado por Louie, La Ponceña inicia una gira por el Caribe y una música internacional interpretando y grabando temas, cuentos como “La Pollera Colorá”, del colombiano Wilson Choperena y bombas, merengues, boleros-feeling, guaguancós y sones. A fines de los 70’s, La Ponceña graba una discoteca con Celia Cruz, “La Ceiba”. Ese disco simboliza el cambio definitivo. Para que entonces ya se había incorporado como cantantes a los puertorriqueños Miguel Ortíz y Yolanda Rivera, los que fueron seleccionados por las características tan disimiles que tenían; y cosa que está lejos de ser un obstáculo, como muchos otros, alcanzó todo lo contrario.

En 1980, Papografía de los discos más llamativos de La Sonora, “Nuevas alturas”, grabación que propuso un nuevo concepto, la ilustración de la carátula. Esa ilustración (y las siguientes), los acercan aún más al público y las ideas, además de aficionados de su música, un nuevo grupo de seguidores, coleccionistas de tapas. Además, con esa disco, comienza un titular de las grabaciones en inglés, cosa que refuerza el carácter internacional de la orquesta y es la que mejor muestra una producción a nivel visual.

A mediados de los 80, La Sonora Ponceña era ya conocida como la agrupación más importante de Salsa en Puerto Rico y los Lucca eran amos y señores de la sonoridad. Tanto así, que cuando contratan a un nuevo y desconocido sonero, el desaparecido Toñito Ledée, en menos de dos años ya era un ídolo popular.

Paralelamente, La Ponceña agrega dos nuevas novedades; Una, la tenaz grabación de canciones de música moderna cubana, especialmente la de Adalberto Álvarez y la de Pablo Milanés. El primero, siendo Director de “Son 14”, le entrega a Papo dos inesperados éxitos, “Soledad” y “Cuestiones”; y el segundo, cada vez más alejado de la nueva trova que le diera la fama y la fortuna, le pone las manos “Canción”, tema basado en un poema de Nicolás Guillén, y “Sigo Pensando en Tí”. La otra fue su incursión en el jazz latino, lo que obliga a modificar la sección de vientos y el sonido. También en los arreglos, que tiene elementos más antiguos de Jazz, se torna aún más brillante.

Con una discografía de más de 30 discos, uno de los que mejor refleja la historia y monumental contribución que Papo y La Ponceña le entregó a la música popular caribeña, fue grabado en vivo el 19 de febrero de 2000 en el Anfiteatro Tito Puente de Puerto Rico para celebrar, en forma oficial, su 45 Aniversario. Una grabación impecable donde hay muchas figuras que forman filas en su seno y un repertorio que incluye, entre otras, los clásicos “Boranda”, “Timbalero”, “Fuego en el 23”, y “Ahora sí”. Algunas en versiones extra largas, justificadas solo porque muestran el virtuosismo de su Director.

En los años subsiguientes, aunque no volvieron a grabar hasta el 2004, La Sonora Ponceña continuó con sus presentaciones, tanto en Puerto Rico como fuera del País. Realizó innumerables presentaciones en la Isla del Encanto, así como en Nueva York, La Florida, Washington. , Connecticut, Filadelfia, Chicago, Nueva Jersey, Venezuela, Panamá, Perú, Colombia, Ecuador, París, Inglaterra, Suiza e Italia.

El año 2004 resultó ser uno muy especial para Don Quique, Papo Lucca y su Sonora Ponceña. Por un lado, celebramos por todo lo alto, 50 años en la música, mientras lanzamos al mercado su nueva propuesta musical, “Volver al camino”, bajo el sello Pianissimo, propiedad del maestro Papo Lucca.

“Back to the Road” es un disco clásico de La Sonora Ponceña, donde se muestra lo que ha hecho de esta Orquesta una institución, demostrando que no se ha dormido en sus sueños y pasados, y enviando un mensaje claro de que Papo Lucca sigue siendo un músico y visionario como pocos. Este trabajo discográfico demuestra la calidad de la Ponceña, siempre en la línea correcta, manteniendo la tradición y su sonido incomparable. Incluye, entre otros, Caprichosa, El Alacrán, Con Tres Tambores Batá.

En su Jubileo de Oro, que se celebró el 21 de febrero de 2004 en el Coliseo Rubén Rodríguez ante 12 mil personas, La Sonora Ponceña reafirmó su posición como una de las agrupaciones más célebres de Puerto Rico. Fue una fiesta como otras tantas que se forman cuando la Ponceña está en la tarima. La agrupación que dirigen a Don Quique y Papo Lucca, sólo nos ayuda brindar su especialidad, un derroche de la mejor salsa en el mercado y un álbum musical repleto de nostalgia que incluye unas páginas gloriosas en el repertorio bailable afroantillano.

La Cámara de Representantes y la Legislatura de Puerto Rico, así como instituciones y grupos relacionados con la cultura y el quehacer artístico puertorriqueño, reconocieron a Don Quique y Papo Lucca, por la contribución hecha a la música popular en Puerto Rico y el mundo entero durante los pasados ​​50 años.

El 16 de marzo de 2004, les fue dedicado el vigésimo tercer “Día Nacional de la Salsa”, el evento más importante en Puerto Rico, celebrado en la Ciudad de Carolina.

En la Ciudad Señorial de Ponce, su ciudad de origen, recibió el reconocimiento del Alcalde, Hon. Rafael “Churumba” Cordero (QEPD), nombrando una de las calles de la Ciudad, “Enrique Lucca Carballo”, en honor a Don Quique Lucca.

En una votación unánime, la Junta de Directores del Día Nacional de la Parada Puertorriqueña en Nueva York, diseño de la Sonora Ponceña, en su 50 Aniversario, como la Orquesta Invitada de Honor en el Noveno Desfile Anual celebrado el 13 de junio de 2004 .

Antes de finalizar el 2004, el 4 de septiembre tuvo el gran honor de inaugurar, junto a “Apolo Sound” de Roberto Roena y Richie Rey y Bobby Cruz, uno de los escenarios más importantes de Puerto Rico y el Caribe, El Coliseo José Miguel Agrelot.

La Sonora Ponceña está integrada por Don Quique Lucca, Fundador y Director; Papo Lucca, Pianista, Arreglista y Director Musical; Edwin Rosas, Daniel Dávila, Héctor L. Pérez y Fernando L. Colón, Cantantes; Delfín Pérez, Efrén Camacho, Mario Marcucci y Alfredo del Valle, Trompetistas; Alexander Rosas, Bajo; Wilfredo López, Conga; Domingo Gutiérrez, Bongó y Jessie Colón y Manolito Rodríguez, Timbal.

ref: sonoraponcenapr.com