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Tomas Ortiz

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Vivo legado de Frankie Ruiz 20 años después de su muerte

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El 9 de agosto de 1998, la familia salsera perdió a uno de sus hijos predilectos. José Antonio Torresola Ruiz, mejor conocido como Frankie Ruiz, falleció a la tierna edad de 40 años por complicaciones de salud.

Gracias a su enérgica voz, un peculiar estilo y una distinguida presencia escénica, Ruiz, natural de Mayagüez, incitó la devoción de los amantes de la música popular –particularmente la salsa- que todavía cautiva con el mismo vigor y delirio. Ruiz estaba destinado a alcanzar el estrellato como cantante desde el instante que agarró un micrófono edad de los 13 años.

Fue en la orquesta La Solución donde el mayagüezano recibió su primera oportunidad y, enseguida, se dio a conocer con el éxito “La Rueda”. Luego, tuvo breves estadías en otras agrupaciones antes de establecerse como el cantante principal de Tommy Olivencia y su Orquesta La Primerísima con la que grabó “Lo dudo”, “Primero fui yo” y “Que se mueran de envidia”, entre otras.

Como solista continúo cosechando éxitos con “Esta cobardía”, “El camionero” y “Cosas nativas”, entre otros.

Estos temas catapultaron a Ruiz como uno de los exponentes de la salsa más reconocidos en la historia musical de Puerto Rico.

Mientras se encontraba en el mejor momento de su carrera, comenzaron los problemas. La muerte de su madre Hilda Estrella  durante un accidente de auto provocó que Ruiz buscara refugio en las bebidas alcohólicas y las drogas que poco a poco lo consumieron.

En 1996 su hígado comenzó a fallar y hasta estuvo en coma. Sus cuerdas vocales sufrieron debido a que fue entubado. Al año siguiente desarrolló cirrosis y hepatitis. A pesar del estado de salud, Ruiz mantuvo vivas las intenciones de continuar grabando. Sin embargo, el cuerpo lo traicionaba. Eventualmente se trasladó al estado de Nueva Jersey donde falleció.

Ruiz regresó brevemente a Mayagüez para una despedida de pueblo.

Veinte años después, el legado de Frankie Ruiz continúa intacto para el disfrute de las presentes y futuras generaciones.

Por Carlos González