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Tomas Ortiz

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Las cintas perdidas de Medoro Madera

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El personaje, quizás el alter ego de Rubén Blades, es inspirado por el inolvidable sonero ponceño Pete ‘Conde’ Rodríguez.

Debutó en el concierto “Caminando” que Papo Coss produjo en el Hiram Bithorn en el umbral de la década de 1990, con Willie Colón de invitado especial. Esa noche en un soneo del son montuno “Camaleón” Rubén mencionó a El Conde antes de engolar la voz y entonar como él.

Ahora Rubén lo presenta en un disco simplemente titulado “Medoro Madera”, grabado con la Orquesta de Roberto Delgado que aunque lo dedica “a los soneros cubanos de ayer y siempre, a la siempre respetada Santiago de Cuba y a Johnny Pacheco”, los que conocemos el antecedente afirmamos que es un tributo a El Conde.Después, en el álbum “La rosa de los vientos” hizo su debut oficial con “Un son para ti” y continuó con apariciones esporádicas en “Mundo” y en grabaciones con el Sexteto Santiaguero hasta grabar “Caína” en “Son de Panamá”.

Esta vez no acudió a la tecnología midi y optó por la configuración de un conjunto, tipo sonora o tumbao, reminiscente de Johnny Pacheco, que descansa en las trompetas de Wichy López, el tres de Bomby Román, en el coro que el propio Rubén armoniza con su primera voz y en una sólida base de conga, bongó y timbal.

“Medoro Madera” sí es un álbum merecedor del Grammy Latino en la categoría tropical tradicional. Es un álbum de sones y boleros añejos, bien afincados y de mucho sabor.

Con la excepción de la cuarta versión que graba de “La caína”, su denuncia de los estragos sociales que ocasiona el trasiego y la adicción a la cocaína, que estampó originalmente en el elepé “Escenas”, el resto de la secuencia es de otros autores.
“El tiempo será testigo” (Ernesto Duarte Brito) es la carta de presentación y en el coro incorpora líneas de “Maestra vida”, que complementan el texto que versa sobre la brevedad de la existencia y que, al final, todo es cuestión de tiempo porque nada es eterno.

“Cómo está Miguel” (Felipe N. Cabrera) es otro son irresistible para el bailador, que evoca a Miguel Matamoros y es un deleite por el ritmo y el mambo que frasean las trompetas.

El bolero “Ya no puedo creerlo”, con la recreación de un suicidio al final, es la confesión de amor, de desamparo e impotencia, del varón engañado por la mujer que ama.

“El panquelero”, un viejo pregón de Abelardo Barroso, es otro acierto que brilla con luz propia a pesar de las versiones grabadas en Cuba y por El Gran Combo y Oscar D’ León.

“La caína” es el aporte social de la secuencia mientras “Me tenían amarra’o con P” enfoca el tema de los conjuros y hechizos, con un manejo ingenioso del humor, muy a tono con el perfil del personaje.

“Levántate” (José Dolores Quiñones”) es otro bolero y “La muñeca”, de Tony Tejera, es un sabroso son, que expone la contradicción entre la belleza de una mujer y su insensibilidad hacia el amor.

El diseño de la carátula incluye una imagen de su padre, que imparte identidad a Medoro Madera, que representa la tradición de los soneros de Cuba, que con el referente de Miguelito Cuní ejercieron una gran influencia en cantantes como nuestro Pete ‘Conde’ Rodríguez. ¡Buen disco!

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular